Por las mañanas procuro no madrugar mucho, sobre todo si no tengo que dejar el primer plato de la comida preparado. Me levanto más o menos a las 8.30 am. (lo reconozco, apuro todo lo que puedo, soy una marmota) desayuno y voy preparando el bibe del peque para que lo tenga calentito. A veces el despertador es él, con lo cuál me toca perseguirle casi con la legaña puesta, porque se levanta con un cohete puesto en el culo, no aguanta en la cuna más de lo imprescindible y tienes que sacarle a la de YA. Su carrera consiste en ir por el pasillo de buena mañana desperdigando juguetes hasta la sala. Por supuesto, en la sala hace tiempo que todo aquello susceptible de ser un peligro para él (o para tí porque te lo vaya a despiezar) está en estanterías altas y las puertas de las demás estancias cerradas...
A eso de las 9.45 am. salimos pitando (si hay suerte y no te prepara "el pastel" mañanero en el último momento y toca cambio de pañal) para abrir la tienda a las 10.00 am. La mañana en la tienda transcurre entre juegos, intento de manipulación de objetos expuestos (afortunadamente inamovibles para él), varias tentativas de teclear en la terminal de pago con tarjeta, numerosas carreras para volver a ponerle las zapatillas de paño que usa para estar más cómodo por aquí (ah, pero las usa?) y vanos intentos porque entre en la trastienda, a jugar con todos los juguetes que tiene desperdigados en el suelo de madera laminada más confortable que el del exterior del local. Si entra algún cliente, además, sale a saludarle y a comprometerle, habitualmente con una pelota pequeña entre las manos que arroja para que se la devuelvas y le sigas el juego...
Cuando llegan las 13.15 pm. comienzo a calentar el potito en la vitro portátil de la mini-cocina de la trastienda y le voy poniendo el babero que casi es un baby entero plastificado. A las 13.30 pm. pongo el cartel de "Cerrado" sin dilación, le siento en la trona y empiezo a darle de comer. Con suerte, se habrá comido el potito y el yogur de postre aproximadamente a las 14.00 pm. Le cambió el pañal porque sé que se va a quedar dormido ipso-facto y le abrigo para sentarlo en la silla e irnos para casa. Recojo lo imprescindible, doy un agua al babero y lo dejo tendido en el baño, cojo mi abrigo y el bolso y la basura para tirar.
A las 14.20 más o menos ya estoy en casa tras comprar el pan; con suerte mi Watio ha llegado antes y ya tiene caliente el primer plato y está haciendo el segundo (si hay filetes o algo así). Voltio se queda frito por el camino, con lo que al llegar a casa lo desarropo un poco y le dejo como ésta en la silla con el respaldo completamente bajado. Entonces mi maridín y yo comemos en poco más de media hora, porque a las 15.15 pm. él suele salir escopeteado y yo me voy preparando para estar en la parada del bus a las 15.25 pm. Así que cuando terminamos de comer, apenas me da tiempo a dejar los cacharros en el fregadero (no los tiro porque si no, se romperían), a recoger la sala donde comemos (si puedo) y volverme a calzar, coger el bolso y el abrigo, y salir con la sillita con prisa pero con cautela para que el vaivén del ascensor no despierte a Voltio. Me voy por un caminito entre árboles que es un atajo peatonal y salgo a la calle principal donde está la parada del bus, para poder coger el que pasa en torno a las 15.30 y llegar un poco antes de las 16.00 pm. a la guardería, que está en el pueblo de al lado. A veces tengo suerte y va tan profundamente dormido que no se despierta hasta que llegamos al destino y apenas se inmuta con el traqueteo del autobús, al revés, le mece. Aunque como estamos en la calle, mientras esperamos al bus, no puedes evitar el ruido del tráfico, como por ejemplo que el impaciente de turno pite o que pase una moto chicharrera de esas, cuyos decibelios de ruido sobrepasan lo soportable y claro, el nene se desazona y por mucho que le chistes se acabó la siesta. Y te acuerdas de la madre que parió a no sé quién.
Al llegar a la guarde, suelto al niño corriendo tras ponerle las zapatillas, el baby y darle las oportunas instrucciones a la cuidadora (qué tal ha comido, si ha echado siesta, si está algo pachucho...). Después marcho corriendo a la parada para coger el bus de vuelta otra vez y poder abrir la tienda a las 16.30 (teniendo en cuenta que tardo en el trayecto unos 20 m. de ida y otros tantos de vuelta y que los autobuses pasan cada 20-25 minutos muchas veces voy con la lengua fuera, tanto para salir de casa y estar puntual en la parada como para
poder coger el de regreso que casualidad es el mismo que finaliza el trayecto en esa localidad y da la vuelta unas paradas más arriba). Menos mal que a veces me puedo sentar no sólo en la vuelta, sino también en la ida, porque freno la silla y la amarro con el cinto que existe en los huecos que hay en la parte central del autobús que también están destinados a los minusválidos y por mucho meneo, no se desplaza (Veáse imagen).Por la tarde, se agradece estar sin niño un ratito, aunque toca hacer todos los papeleos que se han quedado a medias por la mañana y recoger un poco la trastienda, que parece un chiqui-park.
Sobre las 19.30 pm. llega Watio, se quita "el uniforme de currante", se ducha y sale raudo para ir a buscar al niño en el coche, porque los minutos que nos pasamos de las 20.00 pm., claro está, nos los van acumulando y sobrecargan la cuota de la guardería a final de mes... Pero no nos quejamos, menos mal que podemos tener este horario, porque si no, tendríamos la única opción de coger una persona que se encargase del crío. De momento nos apañamos así y por lo menos está con otros niños jugando. Y merienda allí, viendo comer a otros niños, a ver si le "pega" algo...
Aunque cierro a las 20.00 pm., suelo esperar a Watio, que llega entre las 20.20 y las 20.30 pm. de recoger al crío y pasa a buscarme para subir a casa. Si no hay que comprar nada en el súper, llegamos a casa poco antes de las 21.00 pm. y lo primero calentar el bibe al peque, cambiarle y ponerle el pijama, mientras otro se encarga de empezar a hacer la cena, recoger una cocina que se ha quedado al mediodía como un campo de concentración y también la sala, que parece abandonada por una familia que ha tenido que salir corriendo para irse a un refugio nuclear o algo así (Veáse la imagen, totalmente verídica y tomada con el móvil un día que salía por la puerta sin tiempo a nada más, luchando contra todos mis principios de orden, limpieza, etc porque perdía el bus...).Con suerte, tras tomarse el bibe y pegarse unas carreras, para las 22.00 pm. Voltio está ya frito en su cuna. Entonces papi y mami terminan de hacer la cena y de preparar la comida del día siguiente (si se tercia), por lo que muchos días son las 23.00 pm. y estamos terminando de cenar...
Cuando llega el fin de semana, afortunadamente Voltio se echa siestas mañaneras, e incluso de tarde de 2 horitas largas, por lo que nos tomamos todo con más calma. Si hace buen tiempo salimos a dar un paseo o a tomar el vermuth (bueno, el biterkas) después de que Voltio ha comido, pero por las tardes solemos pasarlas agustito en casa, como buenos puretas, trillando el sofá (como diría mi madre) y arrebujados en la mantita mientra vemos la tele.
Algún sábado toca ir a comprar para hacer la compra del mes al Carreflus como todo hijo de vecino, y por supuesto, hacer una limpieza más general, la plancha y todo eso que entre semana se va quedando pendiente. Los domingos por la mañana, toca inevitablemente cocinar para tener platos preparados para entresemana y si no hay raciones de puré para el peque en el congelador, toca hacer una tanda, aunque normalmente ésto último lo solemos hacer una vez cada mes o mes y medio porque rellenamos potitos para sobrevivir a un ataque nuclear como poco, ocupando casi un cajón entero del congelador...
Cuando vamos al pueblo a ver a la familia, da gusto ir a mesa puesta, preocuparse sólo de salir a dar paseos, comprar relajadamente o de quedar con los amigos de por allí sin horarios ni ataduras. Así que cuando llega un puente o algún festivo, para nosotros son casi unas mini-vacaciones en toda regla, porque salimos de la rutina y encima disfrutamos de todas esas personas que nos quedan lejos.
¿Cómo es vuestro día a día?


5 chispazos:
Eso de que no madrugas mucho levantandote a las 8:30... en fin, pa mi es madrugar, jajajjaja. Vale, que hay gente que se levanta a las 4 o a las 5 pero eso lo considero inhumano, más bien. Tienes los días ajetreados pero bueno, tampoco está mal, seguro que disfrutas mucho del fin de semana, cuando te puedes relajar un poco
es verdad, como dice geno, al llegar el fin de semana os relajaréis de tanto ajetreo...
tener al niño con vosotros por la mañana y llevarle a la guardería por la tarde es una buena solución intermedia. de la otra manera sería muy duro para él y para vosotros. la pena es que la guardería no la tengáis más cerca y eso os obligue a correr tanto todos los días...
esta historia que cuentas en un ejemplo para que todos seamos conscientes de que quienes trabajan de cara al público tienen también una vida personal. muchas cosas ocurren en su vida tras cerrarse la persiana...
besos!
Aig! He llegado al final con la lengua fuera ¿¿¿¿¿PERO NO TERMINAS AGOTADA???????? Madre de dios, qué día. Yo, eso sí, madrugo un poco más. Normalmente a las 7,30, eso si la peque no se levanta antes, pero a las 11 de la noche, te puedo asegurar que hay días que ya voy por el tercer o cuarto sueño jajajajaj
Pues sí, Geno,procuro disfrutar el fin de semana aunque sea descansando, que cuerpo descansado dinero vale dice mi suegra...
Chema, pues sí, es un trastorno tener la guarde en otro pueblo, qué le vamos a hacer, es increíble pero no hay ni una guardería privada en una población de unos 40.000 habitantes...
Uy, Waleswka, lo que me asombra es que la lorcita esa de la panza siga ahí, impertérrita, pero es que también como hasta con prisas, es una locura... Ya me gustaría a mí a las 11 estar en la cama, a esa hora estoy... fregando los bibes?? por ejemplo...
Recuerdo vivir así, todo el día estersada y que ir a la pelu o a una tienda tranquila sea un lujo inimaginable. Ni te cuento cuando llegan el segundo y el tercero. Se multiplica por cinco el nivel de ocupación.
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