Hoy, mi Watio me ha traído un fruto que yo no había visto antes: Bayas Goji.
Su aspecto puede parecerse al de una guindilla y su textura a la de una pasa, pero de color más anaranjado que rojizo y en un principio, cuando me ha dicho que las probara, le he mirado recelosa, porque mi Watio es muy dado a burlas insidiosas, a ver si aquello iba a picar más que un chile en salsa brava...
Su sabor me ha sorprendido, una mezcla entre dátil y un punto de arándano, o quizás también algo de regusto a tomate, no sabría explicarlo. Le he preguntado sobre su origen en cuestión, a lo que me ha respondido que según ha oído a la frutera, proceden del Himalaya y tienen muchas propiedades. No es que mi marido se haya creído a pies juntillas los argumentos de la tendera, pero es curioso por naturaleza, y cualquier sabor exótico tiene que ser catado por sus papilas gustativas de inmediato.
Indagando por internet, he encontrado algún artículo curioso, que explica su origen y sus propiedades alimenticias.
La mayoría de las bayas Goji que se comercializan en Europa
y América parece ser que no proceden del Himalaya ni del Tíbet, cómo así se las llama en muchos herbolarios, sino que se cultivan en su mayor parte en las montañas de Tian Shan (China) y en el interior de Mongolia. Aunque al buscarlas en portales de venta por internet, nos aseguran su procedencia del mismo Tíbet, donde son cultivadas de manera salvaje y desecadas a una altitud de 4000 metros, gozando de un clima extremo y propio de esa región, donde adquieren sus propiedades únicas. Lo que sí es evidente, es que su uso como alimento y como remedio con fines terapeúticos está datado hace más de 2.000 años, por encontrarse referencias a esta fruta en tratados médicos de la dinastía Tang y la Ming, en China.
El arbusto que las produce, el Lycium barbarum, es muy agradecido, y dicen que puede cultivarse con facilidad incluso en casa, dando más de un kilo de bayas en su segundo año de vida. Aunque hoy por hoy, es China el único país que las cultiva de manera masiva para su comercialización. Y es que del arbusto se aprovecha todo, aparte de las bayas, sus hojas y sus brotes tiernos se venden como verdura, o para hacer té. En la cocina tradicional oriental, las bayas se han introducido en guisos, arroces, sopas, infusiones e incluso hoy día se están empleando para producir bebidas o formar parte de su fermentación para aromatizarlas (vino o cerveza). Se está extrayendo incluso un extracto para café y de su semilla, se empiezan a destilar aceites esenciales, así que seguramente pronto veremos cremas y productos estéticos que incluyan este ingrediente.
Quizás se está exagerando un poco en cuanto a los beneficios de esta fruta, que está siendo catalogada de milagrosa y que ha empezado a ser conocida en Occidente por haberse puesto de moda entre la élite de famosos, como suplemento alimenticio. Muchos productores, incluso sostienen que la longevidad de los habitantes de las regiones donde se cultivan es consecuencia de su consumo habitual. Lo cierto es que su demanda está creciendo, lo que quizás incida negativamente en su cultivo biológico, que es lo que verdaderamente nos aseguraría la entera conservación de sus propiedades nutritivas; pero cualquiera sabe si las certificaciones de lo que Occidente importa del gigante asiático son válidas, independientemente de la región de donde procedan...
El origen exacto del arbusto del que proceden estas bayas, no se sabe a ciencia cierta, pues su cultivo se extendió rápidamente, desde el sudeste de Europa hasta Asia, y hoy día se dan en muchas regiones del mundo. Aunque eran unas desconocidas hasta hace poco para el mundo occidental, en las Islas Británicas fueron introducidas allá por el siglo XVII por el duque de Argyll, y desde entonces la planta es conocida como "árbol del té del duque de Argyll", aunque curiosamente, los güiris la usan fundamentalmente para formar setos en las zonas de costa, porque es resistente y se adapta bien a cualquier tipo de suelo.
Las investigaciones sobre sus beneficios en las personas todavía están en fase experimental, no obstante sí se ha demostrado en recientes estudios científicos, que esta fruta que nos llega desecada, contiene más proteínas que el trigo, variedad de nutrientes entre los que se encuentran ácidos grasos ensenciales, antioxidantes, vitaminas, oligoelementos, aminoácidos, etc. Los orientales aseguran que favorecen el yin y le atribuyen propiedades antiinflamatorias, protectoras del sistema inmunitario, de enfermedades cardiovasculares, transtornos neurológicos y de la visión, entre otras.
Las bayas se pueden comer crudas, pero dicen que se saborean mejor mezcladas en zumo, té, o añadidas a los cereales en el desayuno, como las pasas, o incluso en yogur.
Su aspecto puede parecerse al de una guindilla y su textura a la de una pasa, pero de color más anaranjado que rojizo y en un principio, cuando me ha dicho que las probara, le he mirado recelosa, porque mi Watio es muy dado a burlas insidiosas, a ver si aquello iba a picar más que un chile en salsa brava...
Su sabor me ha sorprendido, una mezcla entre dátil y un punto de arándano, o quizás también algo de regusto a tomate, no sabría explicarlo. Le he preguntado sobre su origen en cuestión, a lo que me ha respondido que según ha oído a la frutera, proceden del Himalaya y tienen muchas propiedades. No es que mi marido se haya creído a pies juntillas los argumentos de la tendera, pero es curioso por naturaleza, y cualquier sabor exótico tiene que ser catado por sus papilas gustativas de inmediato.
Indagando por internet, he encontrado algún artículo curioso, que explica su origen y sus propiedades alimenticias.
La mayoría de las bayas Goji que se comercializan en Europa

El arbusto que las produce, el Lycium barbarum, es muy agradecido, y dicen que puede cultivarse con facilidad incluso en casa, dando más de un kilo de bayas en su segundo año de vida. Aunque hoy por hoy, es China el único país que las cultiva de manera masiva para su comercialización. Y es que del arbusto se aprovecha todo, aparte de las bayas, sus hojas y sus brotes tiernos se venden como verdura, o para hacer té. En la cocina tradicional oriental, las bayas se han introducido en guisos, arroces, sopas, infusiones e incluso hoy día se están empleando para producir bebidas o formar parte de su fermentación para aromatizarlas (vino o cerveza). Se está extrayendo incluso un extracto para café y de su semilla, se empiezan a destilar aceites esenciales, así que seguramente pronto veremos cremas y productos estéticos que incluyan este ingrediente.
Quizás se está exagerando un poco en cuanto a los beneficios de esta fruta, que está siendo catalogada de milagrosa y que ha empezado a ser conocida en Occidente por haberse puesto de moda entre la élite de famosos, como suplemento alimenticio. Muchos productores, incluso sostienen que la longevidad de los habitantes de las regiones donde se cultivan es consecuencia de su consumo habitual. Lo cierto es que su demanda está creciendo, lo que quizás incida negativamente en su cultivo biológico, que es lo que verdaderamente nos aseguraría la entera conservación de sus propiedades nutritivas; pero cualquiera sabe si las certificaciones de lo que Occidente importa del gigante asiático son válidas, independientemente de la región de donde procedan...
El origen exacto del arbusto del que proceden estas bayas, no se sabe a ciencia cierta, pues su cultivo se extendió rápidamente, desde el sudeste de Europa hasta Asia, y hoy día se dan en muchas regiones del mundo. Aunque eran unas desconocidas hasta hace poco para el mundo occidental, en las Islas Británicas fueron introducidas allá por el siglo XVII por el duque de Argyll, y desde entonces la planta es conocida como "árbol del té del duque de Argyll", aunque curiosamente, los güiris la usan fundamentalmente para formar setos en las zonas de costa, porque es resistente y se adapta bien a cualquier tipo de suelo.
Las investigaciones sobre sus beneficios en las personas todavía están en fase experimental, no obstante sí se ha demostrado en recientes estudios científicos, que esta fruta que nos llega desecada, contiene más proteínas que el trigo, variedad de nutrientes entre los que se encuentran ácidos grasos ensenciales, antioxidantes, vitaminas, oligoelementos, aminoácidos, etc. Los orientales aseguran que favorecen el yin y le atribuyen propiedades antiinflamatorias, protectoras del sistema inmunitario, de enfermedades cardiovasculares, transtornos neurológicos y de la visión, entre otras.
Las bayas se pueden comer crudas, pero dicen que se saborean mejor mezcladas en zumo, té, o añadidas a los cereales en el desayuno, como las pasas, o incluso en yogur.